Víctor Álamo: «No creo en la literatura sin vuelos de poesía»

21/04/2008 | Almudena Cruz | La Opinión de Tenerife | Santa Cruz de Tenerife
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Acaba de presentar en Tenerife –después de tres años de andadura por las librerías de medio mundo– su última novela, Terramores, y ya piensa en su próximo objetivo editorial, un libro de poesía. Como filosofía vital y literaria se traza la de la huida de la mediocridad, «este libro es una apuesta por la pasión», asegura Víctor Álamo.

-¿Qué significa y dónde está Terramores?

-Es una invención, una forma de unir las palabras tierra y amor sin que suene a telenovela. En cuanto a la ubicación, el espacio narrativo vuelve a ser Isla Menor, el trasunto literario de la isla de El Hierro. Es una metáfora del amor vinculado con lo subterráneo, con las galerías, grutas, laberintos y pozos que atraviesan nuestras islas. Todo como imagen de las turbiedades que desencadena el amor. Este libro es una apuesta por la pasión, por no vivir a medias, por escapar del gris y la mediocridad. Creo que hay que vivir plenamente, eso es algo que me obsesiona.

-Escribir sobre el amor… todo un reto, ¿no es cierto? ¿Cómo evitar caer en lo cursi?

-Cierto. Me costó bastante, quería evitar lo tópico y, como tú dices, lo cursi. Sin embargo, la metáfora de los amores subterráneos me ayudó mucho en este aspecto. Tenía muchas ganas de abordar este tema y, para eso, empleé dos historias que se entrecruzan. Una feliz, la de una historia de pareja placentera, en contraposición a la de una pareja infeliz que termina por ser un trío que abarca a más de tres personas. De forma un tanto irónica, me dedico a indagar en la raíz de las de la pasiones y todo lo que las envuelve, los celos y las suspicacias.

-¿Cierra con esta novela la trilogía que inició con El año de la seca (1997) y Campiro que (2001)?

-En realidad, más que una trilogía yo hablaría de una tetralogía. Aunque mucha gente no lo sabe, yo inicié la saga en 1994 con El Humilladero. Fue mi primera novela y le guardo mucho cariño, con ella inicié mi mundo narrativo. Hay que dejar claro que son novelas independientes, cada una respira por sí misma, no es necesario leerlas todas. Lo que he intentado es crear mi propio espacio, tal y como hicieron antes escritores como Gabriel García Márquez, Juan Cruz o Isaac de Vega. Una especie de supranovela con guiños entre los personajes y los espacios.

-¿Qué nos puede contar acerca de los personajes con los que ha nutrido y el tiempo en el que ha colocado la historia de Terramores?

-Curiosamente, la acción está aparentemente ambientada en la posguerra aunque, a medida que avancé en la obra, fui levantando un espacio distinto, un tiempo fuera del tiempo. Hice convivir a esos personajes con el terrorismo e, incluso, hice arribar alguna patera. Mi personaje favorito es Manuel el huido, basado en un herreño que fue nombrado alcalde durante la República y cuyo mandato duró sólo un día. Pasó el resto de su vida escondido en una cueva y escribiendo cartas a su amada.

-Su trabajo ha sido siempre más reconocido y valorado en el extranjero, en países como Francia, Italia o Brasil. ¿Sigue esta siendo la constante?

-Siempre he tenido ciertas dificultades en el mercado español. Antes era un asunto que me preocupaba pero ya lo he aceptado como una realidad. Terramores ha vivido, de nuevo, el periplo habitual de mis libros. Fue publicada en Francia en 2005 y, tres años después, llega a España. Quizás al ir contracorriente, al ser una obra un tanto exótica, es vista con mejores ojos fuera del mercado nacional.

-¿Es posible vivir, o sobrevivir, en Canarias siendo escritor?

-La sociedad canaria no demanda, todavía, literatura canaria. Y mucho menos novela. No hay una tradición lo suficientemente fuerte si lo comparamos con la poesía, donde las Islas ocupan un lugar importantísimo pese a su corta historia. Si queremos un futuro, los novelistas canarios estamos obligados a mirar fuera. Cuando consigamos que el pueblo canario demande novela canaria todo empezará a cambiar. Esta es una labor de las administraciones, claro. “Escribo para oír las voces del pasado.” Respecto a su faceta poética, Víctor Álamo adelantó que, en breve, tiene previsto elaborar un libro de poesías. “Cada vez estoy más interesado en la poesía. Es un género que nos lleva a los novelistas una vuelta de ventaja, es la máxima expresión de la literatura. Sigo dedicado a la poesía, nunca la he abandonado. Me he vuelto más exigente en esta faceta, ya no es la poesía que escribí en la adolescencia, es mucho más madura”, aseguró. No obstante, añadió, “no creo en la literatura que no tiene los vuelos de la poesía. No creo en la narrativa plana, sin recovecos. La poesía es, sin duda, es mi principal fuente de inspiración”. Preguntado acerca de los motivos que lo impulsan a escribir, el autor fue tajante y directo. “Escribo para oír las voces del pasado que todavía tienen mucho que decirnos. Para servir de oído a todas esas historias y palabras. Somos aquello que nos precede, el mundo va demasiado rápido y hay muchas de esas cosas que contar”.

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