Viaje al ojo de un caballo

12/06/2009 | Juan Cruz | Mira que te lo tengo dicho (blog de El País) | Madrid

Hay un texto autobiográfico de Jorge Luis Borges en el que el escritor argentino cuenta que de su libro Historia universal de la infamia se vendieron en torno a los 35 ejemplares, y que al saber la cantidad de personas que quisieron leerle tuvo el impulso de salir a la calle para abrazarles y pedirles perdón por el tiempo que les había hecho perder. Gonzalo Torrente Ballester cuenta que de su obra ahora más famosa, Los gozos y las sombras, los libreros lograron vender en torno a los 333 ejemplares. Un día fue Miguel Delibes a ver a Pío Baroja, después de ganar el premio Nadal por La sombra del ciprés es alargada; Baroja le preguntó cuánto había vendido, y el escritor castellano le respondió que ya andaba por los tres mil. Cómo tantos, inquirió el anciano narrador de Vera. «Es que ahora leen las mujeres», respondió Delibes, ante lo que el insigne misógino Baroja exclamó: «Ah, si también leen esas». Así es la historia; ahora se habla mucho de best-sellers, y hay editores que cuentan las ediciones como si fueran granos de millo…, pero no dicen cuánto venden de cada edición, o sea que tomamos por best-sellers lo que son simplemente libros bien vendidos, pero no «mejor» vendidos. Ahora algunos editores españoles, entre ellos Artemisa, de mis buenos amigos Marian y Ulises, han tenido la buena idea de ponerle un poco de sal, y de ironía, a esta frecuente mandanga de los más vendidos y han hecho en la Feria del Libro un encuentro sobre los libros «peor» vendidos. Los de Artemisa llevaron Viaje al ojo de un caballo, de Carlos Jiménez Arribas, del que habían vendido cien ejemplares. Y han logrado que en todas partes, en mi periódico también, y en la televisión, se ocupen de Carlos casi con la misma intensidad con la que se están ocupando de Ildefonso Falcones, que también ha sacado un libro de catedrales. Los libros de poesía (o sea, los libros buenos) van despacio, querido Miguel, le decía Lorca a Hernández. Los libros van despacio…, excepto ahora. Ahora van muy deprisa, abandonan en seguida las estanterías, reciben una atención veloz, o desdeñosa, en los medios, y desaparecen. No es que no se vendan: es que NO SE PONEN a la venta muchas veces. Ojalá esta ocurrencia que han tenido los editores que se han reunido en la feria aúpen ese libro, y otros, y nos avergüencen también un poco a los medios por la atención (?) que prestamos a aquellos a los, como se dice en el argot de las redacciones, no los conoce ni Dios.

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