¿Por qué existen los worstsellers?

11/06/2009 | Redacción | Tipos infames | web

No hay instrucciones seguras para convertir un libro en un best seller. Ni el mismo autor con una novela tan mala (o tan buena) como la anterior, ni una fuerte e insistente campaña promocional, aseguran el éxito de ventas de un libro. La condición de best seller ya no atiende tanto al resultado del libro en cuanto a ventas, sino más a los condicionantes de su nacimiento: un best seller nace para vender, se fabrica con aspiraciones de éxito, y lo demás sería fracasar.

Algunas editoriales buscan fabricar un éxito instantáneo mediante fórmulas estereotipadas y un batiburrillo de géneros con tirón comercial. Pero aunque se logre una sabia combinación (porque para todo hay que saber) de temas y tramas de interés popular, no hay recetas seguras ni exactas para lograr tal fin. Y para acertar una vez hay que fallar muchas otras: ¿quién diría que ahora a la gente le interesarían los vampiros con ipod? ¿qué será lo próximo? (hagamos apuestas).

Pero de la misma forma que no hay ingredientes fijos para asegurarse un best seller (en su acepción de éxito de ventas), tampoco existen explicaciones únicas ni del todo seguras para su antítesis: el worst seller. De repente, una editorial se encuentra incomprensiblemente con un buen libro que ha funcionado especialmente mal en cuanto al nivel de ventas. Creo recordar que el año pasado -por estas mismas fechas- Félix Romeo recopiló para su columna del ABCD (Las Iluminaciones) las respuestas de distintos editores sobre el libro de sus respectivos catálogos que habían vendido peor: demostrando que no había un motivo unitario que pudiera explicar los distintos casos, y que ninguna editorial está a salvo de este cortocircuito que les imposibilita la conexión habitual con sus lectores. No he sido capaz de encontrar esta columna, pero recuerdo a Julián Rodríguez de Periférica sintiéndolo por Sin flores ni coronas de Odette Elina, y a Enrique Redel de Impedimenta opinando que quizá se equivocó en la elección de la portada para De la elegancia mientras se duerme del (falso) Vizconde de Lascano Tegui.

Hoy en la Feria del Libro de Madrid se ha organizado una interesante mesa redonda en la que cinco editores independientes han contado con las mismas ganas con las que nació su proyecto cuál ha sido la historia particular de su worst seller. Los editores de Escalera, Salto de Página, Artemisa, Baile del Sol y Errata Naturae se sinceraron al hablar de los motivos por los que editaron su libro y trataron de encontrar posibles razones para el inexplicable fracaso.

¿Por qué un libro de calidad no encuentra un mínimo lugar en un mercado al parecer tan amplio? Nosotros estamos absolutamente convencidos de la más que necesaria función de estas pequeñas editoriales independientes y -también- de no ser los únicos que pensamos así. Pero, entonces, se debe a su casi invisibilidad en muchos medios, es cuestión de las distribuidoras que las (re)presentan y llevan a las librerías, o del lugar que ocupan y del poco tiempo que permanecen sus libros en las librerías. Quizá es necesario buscar otros medios por los cuales llegar a sus posibles lectores (que, repito, los hay), quizá hay que esperar el inexplicable éxito (tan poco calculable como el fracaso) de alguno de sus títulos para que la gente repare en la calidad de su catálogo y espere nuevas publicaciones, o igual un inesperado cambio en las motivaciones de los lectores: una curiosidad que vaya más allá de los suplementos de periódicos, una búsqueda que no se quede en el hechizo de las enormes pilas de libros expuestos en mesas pagadas a la entrada de las grandes superficies. Lo que, nosotros como lectores y ellos como editores, nos negamos a admitir es que sea imposible.

Quien no atraviese ese umbral, se quedará sin poder descubrir libros como La mujer por la ventana de Silda Cordoliani (Escalera, 2008), Plop de Rafael Pinedo (Salto de Página, 2008), Viaje al ojo de un caballo de Carlos Jiménez Arribas (Artemisa, 2007), La reina de América de Jorge Majfud (Baile del Sol, 2002) o El Destripador de Robert Desnos (Errata Naturae, 2008). Hoy mismo, en la Feria, podía haber pasado lo mismo si en lugar de asistir al Pabellón de Fundación de Círculo de Lectores nos hubiéramos dejado seducir por la publicidad que se repartía cada pocos metros junto a las casetas: casi todos los asistentes llegamos al pabellón con el adelanto editorial de la novela de Guillermo del Toro y el necesario abanico que anunciaba la nueva novela de Ildefonso Falcones, pero por suerte podremos pasar la tarde en nuestras casa leyendo alguno de estos cinco libros tan apetecibles. Y como decimos siempre, iremos de un libro a otro. Y el siguiente nos conducirá después a otro más…

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