Microeditoriales: pequeñas y con grandes ideas

14/11/2007 | Cristina Castillón | ADN | Barcelona
Arriesgan y apuestan por sus gustos literarios para sobrevivir en el mercado

Nacidas en el siglo XXI, decenas de editoriales de tamaño pequeño pero grandes ideas han implantado nuevas e innovadoras propuestas bibliográficas. La mayoría publican entre 10 y 20 libros al año, aunque nunca superan los 2.000 ejemplares. Empresas que giran alrededor de grupos de trabajo que no superan la media docena de trabajadores, confían en su buen ojo, saber hacer y sobre todo en la confianza del lector, al que tratan de tú a tú. ¿Cómo ganarse un espacio en la selva editorial y competir con las grandes apuestas literarias y promociones monumentales de los sellos ya asentados?

Riesgo y curiosidad

«Apostamos por autores cuyos réditos no son al principio evidentes», afirma Ana S. Pareja, de Melusina. Para algunas, la supervivencia o ganar un inicial nicho de mercado depende de la especialización, aunque tal y como afirma Julián La Calle, de Pepitas de Calabaza, «ésta puede suponer una muerte en vida». Por su parte, Miguel Lázaro y José Miguel Pomares, de Cabaret Voltaire, centrada en la literatura francesa, confiesan que «mejor no abusar de ella, pero que hay que tener un catálogo coherente».

Libros de culto

Marian Montesdeoca, de Artemisa Ediciones, lo tiene claro: «Editamos los libros que nos gustaría leer». «No tenemos capacidad de montar grandes campañas publicitarias que explotan la fama de un escritor –explica Gonzalo Cabrera de la recién creada Salto de Página–, así que nos centramos más en obras que en nombres». Ajenos a las presiones del mundo editorial más salvaje, navegan en los márgenes con el objetivo de seducir al lector con «una joya impecable, apetecible para los amantes de los libros», explica Montesdeoca. Para ello, son imprescindibles la calidad literaria, un diseño novedoso, una portada potente y un formato cómodo (la mayoría de las ediciones son compactas). «Crear bibliotecas», como dice Julián Rodríguez, de Periférica, «para lectores fieles a los que no defraudar».

Vocación de gran editor

Estos jóvenes editores en la treintena atribuyen a la intuición sus mayores éxitos. El denominador común –puntualiza Laura López, de Funambulista– «la vocación». «No somos editoriales, somos editores», asegura Eduardo Riestra, de Ediciones del Viento. Y es que descubrir nuevos talentos y recuperar a autores descatalogados no deja de ser un trabajo muy personal. En la mexicana Sexto Piso, «la mejor arma es el propio catálogo, en el que apostamos por libros de fondo», explica Santiago Tobón.

Librerías «insumisas»

La distribución al punto de venta es clave para promocionar un libro, pero para las microeditoriales el librero y el boca-oreja pueden llegar a ser providenciales. Pareja recuerda que de las librerías «insumisas depende nuestra salud».

 

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