Los worstsellers y otras historias editoriales

08/06/2009 | Eva Orúe | Divertinajes.com | Círculo de iluminación | Madrid

El próximo jueves, día 11, fiesta del Corpus Libri, cinco editoriales (por orden alfabético: Artemisa, Baile del sol, Errata Naturae, Escalera y Salto de página se reúnen en la Feria bajo mi sabio liderazgo para hablar de sus libros peor vendidos. Es decir: cuando todos se preocupan de vender más, estos cinco se juntan para reflexionar sobre por qué han vendido casi nada de un libro. En concreto, de Viaje al ojo de un caballo, de Carlos Jiménez-Arribas; La reina de América, de Jorfe Majfud; El destripador, de Robert Desnos; La mujer por la ventana, de Silda Cordoliani; y Plop, de Rafael Pinedo.

Aunque todo lo que tenga que decirse se dirá allí, no he resistido la tentación de adelantar algo en este Círculo previo al evento. Me preguntaba, de entrada, si del mismo modo que —nos dicen los grande—no hay fórmulas magistrales para fabricar un superventas, podemos aseverar que no hay fórmula para un worst-seller… o todo lo contrario.

Responde Pablo Mazo, el hombre que se empeñó en publicar Plop e hizo plof (perdonen el juego tonto, la tentación era demasiado fuerte) «No sé si los peor vendidos tendrán su fórmula, pero desde luego hay una serie de pautas y condiciones que garantizan —o, al menos, favorecen— que un libro se venda poco: editorial pequeña y con recursos limitados, autor emergente o ‘sumergido’, texto exigente o arriesgado, distribución limitada, promoción escasa o marginal… Por ahí iría la cosa.»

Talía Luis Casado, la mujer que persiguió durante años el texto de Silda Cordoniali, le corrige apenas: «Creo que sí hay alguna fórmula magistral, y normalmente se llama márketing. Pero supongo que ésa no es respuesta válida. Que los milagros son escasos, por más que pulule en los mentideros la fórmula para las rubias pin-up ‘estás hecha para la fama, nena’ y demás. Para que un ‘desconocido’ siga permaneciendo como desconocido en estanterías y lectores (compradores, insisto en puntualizar: el mismo libro lo pueden leer cientos de personas, que se lo digan a los cubanos) es suficiente con seguir la línea natural de las cosas. La mujer por la ventana ha seguido el mismo recorrido que los otros libros de Escalera, incluso Benjamín Prado se interesó en la autora y le publicó una entrevista en Cuadernos hispanoamericanos.»

En cuanto a la posibilidad de que el ingrediente mágico sea la propia editorial, e incluso de que en esto de las ventas, el tamaño sí importe… «Bien, creo que hoy todos vemos cómo muchas editoriales independientes, con olfato y esfuerzo, consiguen resultados muy satisfactorios y, eventualmente, auténticos éxitos de ventas. Me vienen a la cabeza algunos ejemplos de editoriales cuya labor admiramos, Nocilla dream (Candaya) de Agustín Fernández Mallo, o Ajuar funerario (Páginas de Espuma) de Fernando Iwasaki. En cualquier caso, el título que nosotros traemos a esta mesa redonda —Plop de Rafael Pinedo— ha sido un worst seller sin paliativos, un rotundo fracaso incluso para nuestras expectativas, muy por debajo de otros proyectos con resultados modestos. Quizá precisamente por ello valga la pena llamar la atención sobre él, aunque sea como triste caso de estudio. Por otro lado, tal vez esté extendida una idea preconcebida, y algo distorsionada, según la cual habría siempre un abismo entre las cifras de ventas según el sello que las edite…»

Pero, quede claro, no hay arrepentimiento: «Nuestra editorial, imagino que todas las pequeñas, son de fondo, aunque la sociedad grosso modo sea de polvo rápido y sucio —apunta Talía—. No confiamos en el milagro, pero sí en el talento.»

Mención especial

Los dos citados, más otros dos en representación de Errata Naturae (Irene Antón) y Baile del Sol (María José de Acuña), que son la parte contratante de la primera parte, compartirán mesa con un valiente: Carlos Jiménez-Arribas, autor del worst-seller de Artemisa. No acabo de decidir si su arrojo es fruto de su intrepidez (es viajero aventurero) o si, más bien, revela su condición de masoca.

«La verdad es que cuando los editores me dijeron que Viaje al ojo de un caballo era el worst-seller de Artemisa, pues me eché a reír. Me pareció divertido. Es decir, mi presencia en la mesa se puede entender más como testimonio (existen los autores de worst-sellers, y no se avergüenzan de ello) y diversión (o divertinaje), que fruto de la temeridad o del masoquismo.

»Siempre piensas aquello de que Van Gogh sólo vendió un cuadro en vida, de que William Blake hizo una única exhibición de su pintura y tuvo una única y nefasta crítica, pero eso, claro, no es válido. Sobre todo porque, pese a la vanidad que aqueja a todos los creadores, uno se sabe a bastante distancia de gigantes como Van Gogh o Blake. Uno se queda pensando, ¿y qué pasó con los otros, los que no vendieron ni exhibieron en vida pero tampoco póstumos?»

De todo esto y de mucho más hablaremos el jueves, en la Feria.

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