Los editores

27/11/2007 | Juan Cruz | Mira que te lo tengo dicho (blog de El País) | Madrid
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Mis antiguos compañeros de Alfaguara, donde trabajé seis u ocho años, ya no me acuerdo, me invitaron ayer a su almuerzo anual en Tlaquepaque; lo celebran (lo celebrábamos) cada vez que nos reuníamos en Guadalajara, para la Feria Internacional del Libro. Allí amasamos muchos proyectos, cuando yo ejercía como editor, y ahora los he visto amasar. Muchos de los reunidos eran muy jóvenes, acababan de llegar, y ahora ya son prestigiosos editores, en Colombia, en México, en Argentina, en España… Ahora los he visto discutir y entenderse, buscar en los libros que hacen otros la ilusión de su vida, y he estado pensando en ese oficio extraordinario, en el que hay que conservar la cabeza fría, la humildad y la emoción de descubrir a partes iguales. Es un oficio generoso en el que a veces florecen también los que nada tienen que ver con esa palabra y lo usan para su propio brillo o para su propio nombre. El editor es un mensaje entre el escritor y el lector; de su entusiasmo depende el catálogo de su firma, y el catálogo no lo hace un hombre sino que lo hace la historia, es decir, la lectura. Por la noche estuve en el homenaje que la FIL dedicó a nuestro presidente, Jesús de Polanco. Fue un momento muy emocionante para nosotros, los que trabajamos en este grupo; Jesús reunía esas virtudes de claridad de mente, de distancia de su propio ego y de entusiasmo para publicar y para vender libros. En vida sufrió mucha mezquindad, y ahora la sigue sufriendo, porque la vida es así, y la verdad es que él se tomaba esa mezquindad agresiva que padecía con muchísima filosofía; un reconocimiento como el que se le reiteró en Guadalajara, reconforta en la ausencia siempre sentida de este hombre que emprendió aventuras para que los otros tuvieran barco en el que navegar. El homenaje fue en el marco del tributo editorial otorgado a Christian Bourgeois, un gran editor francés que hizo resaltar en su país la literatura de otros países, entre ellos la española. En esa isla cerrada que es a veces la cultura editorial francesa, su gestión ha sido importantísima para divulgar lo que aquí hacemos. Luego, al final de la tarde, presentamos la nueva Babelia en la FIL, con el director del periódico, Javier Moreno, Goyo Rodríguez, que es el subdirector del periódico que se ocupa de toda la zona cultural y de EL PAIS Semanal, y numerosos escritores de todas partes, sobre todo colombianos, que son los invitados este año en la feria. Y editores. Goyo adelantó ahí que no habría problemas de espacio en BABELIA. Es una buena noticia para la expresión escrita en revistas o suplementos culturales. Luego me tomé dos whiskies, porque en definitiva había culminado mi actividad profesional en la feria; muchos me han pedido que tome tequila a su salud, porque la tequila es aquí lo suyo. Sufrí un a vez el latigazo del tequila; ya no más. Esta mañana me ha escrito un mensaje la pareja que dedica Artemisa, una joven editorial canaria que ya se ha afincado en Madrid, y que acaba de publicar a un símbolo de la literatura colombiana, precisamente, La vorágine, de José Eustasio Rivera. Marian y Ulises son los responsables de Artemisa. He leído que están aquí, aunque ya sabía que vendrían. Esta mañana viene Peter Mayer, el hombre que reedificó Penguin y que me enseñó muchísimo como editor. O sea que estoy rodeado de mi vieja vida, debatiéndome entre el amor al periodismo y el reconocimiento a un oficio, el de editor, que es incomprendido a veces pero que representa uno de los más bellos empleos de la tierra: facilitar que las palabras, las buenas, las regulares e incluso las malas, circulen.

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