Lecturas anticipadas: Cartas a un joven pintor

25/01/2007 | Redacción | El Mundo (El Cultural) | Madrid

Redacción

El Mundo (El Cultural)

Madrid

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En el verano de 1921 Rainer M. Rilke y Balthazar Klossowski, Balthus, dos de los mayores genios de la literatura y el arte del siglo pasado, publicaron al alimón Mitsou,la historia de un gato perdido, ilustrada por el pintor y con prefacio de Rilke. Balthus tenía doce años, mientras que el poeta, amante de su madre, se hallaba en los últimos años de su vida y fue para el joven pintor una suerte de padre intelectual, consejero y amigo. Inédito hasta ahora en España, la editorial Artemisa lanza la próxima semana Mitsou en edición de Juan Andrés García Román. Además de la historia ilustrada por el joven Balthus, y del texto del poeta, el libro se enriquece con las “Cartas a un joven pintor” que Rilke dirigió a Balthus, de las que El Cultural ofrece las más destacadas. En ellas, por ejemplo, el poeta le aconseja cómo celebrar su cumpleaños y se confiesa en junio de 1926, seis meses antes de su muerte: “Ya no soy el ‘hombre viajero’: todo me detiene y ningún tren despierta en mí el menor atisbo de tentación”.

Cartas a un joven pintor

por Rainer Maria Rilke

Castillo de Berg-am-Irchel, 

Cantón de Zurich. 

Hacia finales de febrero de 1921

Hace muchos años conocí a un escritor inglés, Mr. Blackwood, que en una de sus novelas aventura una hipótesis muy seductora; pretende que en la medianoche se produce siempre una hendidura minúscula entre el día que acaba y aquel que comienza y que si una persona hábil se las arreglara para deslizarse dentro de esa hendidura saldría del tiempo y se encontraría en un reino independiente de todas las mudanzas que nosotros soportamos; en ese lugar se encuentran reunidas todas las cosas que hemos perdido. (Mitsou, por ejemplo, los muñecos rotos de los niños, etc., etc.)

Y es ahí, mi querido B…, donde debe deslizar-se usted en la noche del 28 de febrero para tomar posesión de su cumpleaños, que se encuentra allí escondido y sale a la luz… ¡sólo cada cuatro años! (Imagino una exposición de cumpleaños en el que el cumpleaños de otros se comparase con el suyo, siendo éste último tratado con esmero y sacado del almacén sólo tras largos períodos.) Mr. Blackwood, si no me equivoco, da a esta hendidura nocturna y secreta el nombre de “Crac”: ahora bien, por no disgustar a su querida madre y a Pierre, le aconsejo no desaparecer en ella, sino contemplar tal lugar tan sólo durante el sueño.

Su aniversario -estoy seguro- se encuentra muy cerca de allí, lo encontraréis a la primera, y es posible que tenga la oportunidad de entrever algunos otros esplendores más.

Al despertar el primero de marzo se encontrará rodeado de aquellos admirables y misteriosos recuerdos y, en lugar de que sea dada una fiesta para usted, será usted mismo generosamente quien la dé a los otros, al relatarles sus turbadoras impresiones y al describirles la naturaleza maravillosa de su raro cumpleaños, ausente, pero intacto y de la mejor calidad.

Este cumpleaños discreto y que la mayor parte del tiempo habita una especie de más allá le da derecho ciertamente sobre muchas cosas desconocidas aquí (se me antoja más importante y más exótico que tener un tío en América). Le deseo, mi querido B…, que sea capaz de aclimatar alguna de ellas a nuestra tierra, para que crezcan en ella a pesar de las dificultades de nuestras estaciones inciertas…, un poco como M. de Jussieu hizo con su cedro del Líbano, ¡que se ha convertido en la atracción del Jardín Botánico!

En cuanto a nuestro libro, debo terminar mi manuscrito en estos días, teniendo en cuenta esos pequeños cambios que M. Vildrac propone y espero despacharlo el primero de marzo, en honor de su cumpleaños. Y que así nos sea de buen augurio para nuestro éxito común y fraternal.

El otro día en Zurich di orden para que se le enviara un pequeño, pero muy pequeño, paquete, para ese día que substituye a su cumpleaños invisible; espero que llegue con puntualidad. En lo que a mí respecta, sí estaré presente sin falta a través de mis mejores deseos y por medio de toda esta amistad que pongo a su disposición.

René

Castillo de Muzot-sur-Sierre, Valai.

16 de enero de 1922

Mi querido amigo B…,Le debo una buena carta por la suya de Navidad y otra a Pierre por la suya: pero no será la de hoy. He escrito demasiadas; mi pobre pluma parece haberse achatado a fuerza de realizar tan largos paseos casi por todos los países de Europa e incluso más lejos; y quisiera tenerla descansada para su ejercicio “in situ”: el trabajo, que debería ser su gimnasia preferida y diaria.

Pero es preciso cuando menos, querido amigo, que le dé las gracias, y muy encarecidamente, por esas páginas que me ha escrito. Me ha parecido muy hermoso el pequeño adorno chino; después de éste -estoy seguro— habrá hecho otros; ¿se está realizando el encargo?

Aquí todo transcurre como de costumbre y yo bendigo esta regularidad de la cual tenía tanta necesidad para poder reemprender mis trabajos y mis pensamientos, todos ellos como de otro tiempo en un mundo que no deja de correr. ¡Y su querida madre enferma! ¿Está mejor ahora? Ella dio una sorpresa tan admirable y conmovedora con la acuarela improvisada que esbozó sobre la vieja fotografía de mis padres. Son asombrosos el encanto, el estilo y, por añadidura, la justa semejanza que ha sabido evocar al reproducir esas formas entreborradas y un poco imprecisas; se trata de una obra verdaderamente inspirada y aún sigo asombrándome al admirarla cada día. Dios mío, si los tres reencontraran de nuevo las condiciones que les permitieran a cada cual hacer aquello de lo que es capaz… Si se les diera un poco de espacio y les abandonara todo inútil desánimo…

¿Le ha hecho llegar Rothapfel (desde Heidelberg) los originales de Mitsou? (Me lo había prometido así). ¿No se han estropeado demasiado? Casi cada día me trae una nueva carta (le enseñaré las más interesantes) que me habla amablemente de Mitsou; yo lo distribuí ampliamente entre Navidad y Año Nuevo.

Así pues, mi tan querido B…, ánimo: el invierno pasará; con la primavera regresan las ideas claras y saldrá usted de debajo de las nubes berlinesas. Muchos recuerdos a Pierre; estoy encantado de haber acertado con su gusto al enviarle el pequeño volumen de Gide. Mi querido colaborador, su amigo siempre:

René

Castillo de Muzot-sur-Sierre.

Junio de 1926

Mi muy querido B…, Entonces es cierto que va a viajar pronto a esa bella Italia que tengo a sólo dos pasos de mi casa, ¡sin que dé nunca esos dos pasos! Se me espera en Milán, en Venecia, en Florencia, y tengo en mi pasaporte el visado que necesitaría, pero yo ya no soy “el hombre viajero”: todo me detiene y ningún tren, ni siquiera ese grande y rápido, color de abejorro y con todos sus letreros que veo pasar diariamente desde mi balcón de Bellevue, despierta en mí el menor atisbo de tentación. Acabaré por tener pequeñas raíces barbadas y hará falta venir a regarme de vez en cuando (pero no demasiado: pues eso me traería a la memoria la sensación de tener los pies fríos).

Mi querido amigo, quería decirle que no parta sin enviarme su Poussin (o sea, el mío, lo digo con orgullo). Es como si mis paredes hubieran cambiado de traje para recibirlo dignamente; tan bonito se ha puesto esta vez el cuarto con los tableros verdes de mi invención que no quisiera volver a colgar en su lugar los viejos grabados (a pesar de que los echaré de menos por la tan grata compañía que me hicieron).

Me gustaría, B…, conocer su opinión sobre el asunto de la iglesia de J. M. Sert, actualmente expuesta en París. ¿Ha visto esas decoraciones y suscribiría el artículo de Claudel que le adjunto (¡quien por cierto hay que ver lo magníficamente que se expresa a veces!)? Según él, habría, pues, una pintura de nuestro tiempo que ha logrado aquel milagro de crear un forro entero de pintura en el manto de Dios. Sólo un español o un ruso podría, en nuestra época, ser capaz de una tarea tan enorme, de tal compendio de pintura que debería ser una suma de vida y de fe. ¿Me dirá unas pocas palabras al respecto? Si no le disgusta demasiado tomar un momento entre sus dedos una humilde pluma en lugar de un pincel, mándeme noticias de vez en cuando, también cuando esté en Italia. ¿Adónde irá primero?

Sé que ha aparecido el Malte [Los cuadernos de Malte Laurids Brigge de Rilke] en francés pero todavía no he visto ningún ejemplar; quiero telegrafiar a Betz sobre este asunto…

Muchos recuerdos afectuosos a los tres. Un abrazo muy fuerte.

René

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