La traducción poética

24/05/2006 | Guillermo Urbizu | El semanal digital | Madrid

Guillermo Urbizu

El semanal digital

Madrid

Hace ya muchos años -demasiados quizá, en 1986- el poeta Jaime Siles publicó en la editorial Devenir una serie de traducciones de algunos de sus poetas de cabecera. Aquel libro se tituló Transtextos. El que acaba de aparecer en las librerías -publicado por ediciones Artemisa-, teniendo como tiene el mismo título, es un libro muy distinto. Por una parte la sabiduría poética de Siles ha experimentado una madurez extraordinaria, y por otra el número de sus traducciones ha crecido exponencialmente. Todos los poemas que aquí aparecen han dejado de ser -en exclusiva- un perfecto disfrute filológico. Están marcados por la evolución poética del poeta, por su profundización interior. “Al fin y al cabo -nos dice-, no es el sentido sino la fuga de sentido lo que nos reescribe”.

La poesía completa de Siles quedaría coja sin estos versos traducidos de una tradición literaria que le conforma e impulsa el alma de su propia identidad poética. Desde Arquíloco y Catulo, pasando por Coleridge (su versión de La balada del viejo marinero es espectacular, apareció en Círculo de Lectores), Seferis, Celan, Penna, Quasimodo, Piera o Manssur… En definitiva, Siles no deja de sorprendernos. Es uno de los grandes. Y un servidor aprovecha para releer Himnos tardíos (Visor) y Pasos en la nieve (Tusquets).

Y me quedo también con el eco intemporal del verso de Wordsworth: “-¿Lo que es? -¡no: lo que puede ser!”.

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