La escritura del regreso: los diarios de Francisco León

30/06/2007 | Benigno León Felipe | La Opinión de Tenerife (2C) | Santa Cruz de Tenerife
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La lectura de un diario despertará siempre la duda razonable de si ha sido concebido inicialmente para ser publicado, o si la decisión de su publicación es adoptada con posterioridad a su escritura. En cualquier caso, desde el momento en que renuncia a su privacidad y se convierte en un texto público, se somete a las leyes de la comunicación y adquiere, por tanto, el rango de género literario.

Los rasgos y elementos constitutivos del diario: fragmentarismo e incoherencia textual, referencias a situaciones vitales concretas, el carácter abreviado y espontáneo de la información, la falta de forma estructurada, no suponen ya ningún impedimento para su consideración literaria. La razón por la que abandona el ámbito privado quizá habría que buscarla en el interés que en el siglo XIX despertaran los libros y diarios de viajes y el valor consecuente que adquirió el documento biográfico. Por otro lado, desde el momento en que se escribe para ser publicado el «yo» emisor termina por convertirse en personaje de ficción y ser considerado como tal por el lector. A esta situación contribuye la circunstancia de que también desde el siglo XIX la forma de discurso del diario se utilice como un recurso narrativo más del discurso ficcional.

El diario, más que ningún otro género de los mal llamados «íntimos» (autobiografías, memorias, epistolarios, etcétera), posee la gran ventaja de que permite al lector la posibilidad de penetrar en los entresijos de la concepción y planteamientos estéticos que marcan el proceso de creación de su autor.

Este primer diario de Francisco León (lcod, Tenerife, 1970) recoge anotaciones de los años comprendidos entre 1997 y 2004, con la excepción de 2002. Llama la atención su irregularidad pues las correspondientes a los dos primeros años ocupan la mitad del libro. Este hecho es posible que tenga que ver con la escritura de sus otros libros: Cartografía en 1999, Tiempo entero en 2000, la coedición con Alejandro Kravietz de La otra joven poesía española (2003), además de sus trabajos corno traductor y la dirección de las revistas Can Mayor, Vulcane y secretaría de redacción de Piedra y Cielo. La mayor profusión coincide con los años inmediatamente posteriores a su licenciatura y a la codirección de Paradiso.

A pesar de que en un apunte (pág. 77) señale que tratar de definir qué es un diario en un diario le parece un derroche de fuerzas, lo cierto es que en varios lugares expone su idea de diario, o para qué y por qué lo escribe. El primer apunte, muy breve, es una justificación y declaración de intenciones: «Escribir un diario únicamente para hacerme un mundo, o ‘poseer un mundo’. Un cuaderno para no olvidar. Para equilibrar o compensar mi fatal desmemoria. Un cuaderno donde verme». A esta idea del diario como memoria y espejo se suma la de «retorno»: «Un diario es un regreso; siempre. Uno regresa a él como regresa el lobezno arrepentido a la guarida materna después del devaneo azaroso en el espíritu colectivo de los hombres» (pág. 77). Al mismo tiempo, rechaza lo que considera una falacia impuesta por los críticos a los escritores: la exigencia de estilo, «que el diario no tiene». Pero concluye que más que buscar un estilo se debe buscar la voz interior que no procede de las letras, sino del alma. En otros lugares (págs. 51 y 54) vuelve a incidir en la conveniencia y trascendencia de un diario, hasta el punto de preguntarse si es posible fiarse de alguien que no escriba un diario.

Pero además de estas referencias metadiarísticas, habituales en el género, son muy frecuentes los comentarios y reflexiones sobre las lecturas que está llevando a cabo. La diversidad de creadores –entre los cuales predominan los poetas, aunque también hay filósofos. narradores, críticos, así como algunos pintores y músicos– es indicativa del abanico de fuentes de las que se nutre y de dónde provienen sus influencias más determinantes, lo que, sin duda, puede despejar algunas incógnitas que se plantee cualquier lector de su poesía. Es este uno de los componentes más significativos de la obra, lo que indica la preocupación constante por perfilar su concepción de la poesía, por establecer las coordenadas estéticas en las que se siente más cómodo.

Se combinan estas reflexiones con simples descripciones paisajísticas de sus espacios vitales, pero con los que acaba identificándose y estableciendo alguna relación: «El silencio reconfortante de los sembrados que toma mi cuerpo y lo adormece. Sanación por la luz y por el cielo verde» (pág. 20). En algunos momentos estas descripciones consisten en meras referencias cotidianas sin aparente trascendencia, pero que tienen el valor de dar al texto una relativa coherencia narrativa espacial. Nos encontramos también con anotaciones que reproducen textos escritos con otros fines, como borradores de conferencias u otras intervenciones públicas, o poéticas o pequeños ensayos, así como referencias muy críticas a la situación cultural de la isla y a algunas polémicas poéticas.

Algunas anotaciones constituyen breves y logrados ensayos de escritura narrativa, como la que se puede leer en la correspondiente al 1 de noviembre de 1999 (pág. 139) en la que reproduce como narrador testigo una escena cotidiana. Excelente es también el comentario que hace de la audición de una pieza musical basada en la Noche oscura del alma, de San Juan de la Cruz, surgida del recuerdo provocado por la lectura de una entrevista a su autor, Cristóbal Halffter. Esta y otras piezas justifican sobradamente la lectura de este libro.

A pesar de que este diario participa de todas las características propias de la escritura diarística, sobre todo la sujeción que supone el condicionar su estructura al discurrir azaroso y aleatorio de la cotidianeidad del autor, consigue que el discurso fluya de tal manera que el lector puede terminar haciendo abstracción de las limitaciones narrativas que impone el género.

La recomendable lectura de este diario, además de descubrirnos un mundo interior, las incidencias de su escritura, la postura ante determinadas propuestas artísticas, las vivencias y atinadas reflexiones de un poeta, nos descubre a un escritor que se mueve con soltura, precisión y talento en el ámbito de la prosa ensayística y narrativa. Creo que esta constituye una de las sorpresas que nos depara este libro, y que deja abiertas las expectativas de su continuación.

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