Francisco Ferrer Lerín, para ver y oír en Jaén

14/05/2006 | Manuel Ruiz de Adana | Diario de Jaén | Jaén
Francisco Ferrer Lerín (Barce­lona, 1941), escritor de culto y padre nutricio de la genera­ción poética de los novicios (los nueve antológicos vates de Cas­tellet que fundaron un nuevo tiempo en la lírica española de la segunda mitad del siglo XX), visitará ahora, de nuevo, tierras jiennenses, esta vez de la mano del gran poeta jaenero Manuel Molina Damiani, para presentar en la noche de mañana, 15 de mayo, en el viejo Casino de Ar­tesanos de Jaén capital, el últi­mo de sus libros, Ciudad propia. Poesía autorizada, una obra pu­blicada recientemente por la joven y creativa editorial cana­ria Artemisa Ediciones: y que ha sido saludada a lo grande en las paginas literarias y cultura­les de los principales diarios es­pañoles, entre otros, “El País”; “El Mundo” y “Abc”.
 
En la presentación de la obra en Madrid y en otras capitales españolas se ha encomiado que Ciudad propia. Poesía autorizada no sea en sí misma estrictamente una antología y tenga también mucho de nueva obra, pues si en ella se recoge gran parte de los tres libros de poesía publi­cados anteriormente por Ferrer Lerín (De las condiciones hu­manas, 1964; La hora oval, 1971; y Cónsul, 1987), el autor ha añadido a todo eso casi una treintena de poemas inéditos. Hace menos de un año Ferrer Lerín visitó otra vez tierras jiennenses para presentar en Jaén capital su novela Níquel, ese auténtico bombazo literario que ha roto muchos de los vie­jos esquemas de las novelas es­pañolas al USO; en el decir de intelectuales, escritores y críti­cos de la talla de un Fernando Savater, Félix de Azúa o de un casi Nobel y “novicio” el gran Pere Gimferrer. Ahora Ferrer Lerín reitera visita, una más entre otras muchas, pues él lleva visitando asiduamente tie­rras de Jaén durante los últimos cuarenta años, por tres razones poderosas: por su cariño a Jaén (incluso al Jaén emigrante en Cataluña), por su presencia con­tinua en nuestra provincia en ta­reas de investigación ornitológi­ca y estudios de campo en la ma­teria (basta recordar que Ferrer Lerín logró en tierras de Jaén la identificación científica y la cata­logación dentro de la fauna eu­ropea de una nueva ave de las grandes rapaces parduscas ne­gras que se creía africana hasta entonces, 1982, el “Aquila rapax belisarius”), y tercera razón, por su matrimonio con Concepción Jiménez Castro, una toxiriana de pro con ascendencia porcunesa que fue concejal socialista en To­redonjimeno y hoy también lo es (como teniente alcalde de Cul­tural) en el Ayuntamiento socia­lista de Jaca, ciudad donde resi­de el matrimonio desde hace bastantes años. Y ya que estamos hablando de las razones podero­sas de Ferrer Lerin, no olvidemos las también poderosas razones que podemos tener en Jaén para ir a “ver” a “oír” a Ferrer Lerín este lunes 15 de mayo en el viejo Casino de Artesanos de la capital jiennense. En definitiva, “ver” y “oír” a Ferrer Lerín es mucho más que “ver” y “oír” a un gran escritor. Luis García Jambrina ha dicho de Ferrer Lerín que “está fuera de toda duda que es uno de los escritores más originales y problemáticos de la segunda mitad del siglo XX. Pero el mismo García Jambrina ha sub­rayado el dilatado silencio litera­rio de Ferrer Lerín, de 1987 hasta la aparición de su novela Níquel en 2005, y por consiguiente “el temprano apartamiento del es­critor del mundo de las letras para dedicarse a dos de sus prin­cipales obsesiones, la ornitología, y en particular la defensa de las grandes especies necrófagas peninsulares en peligro de extin­ción, y el póquer, un juego con el que llegó a ganarse la vida". Ambas obsesiones, dice García Jambrina, acabaron por conver­tir a Ferrer Lerín en una rareza y una leyenda. Y así es.
 
Pero Ferrer Lerín empezó siendo leyenda muy joven. A los 20 años ya era céle­bre como virtuoso de las letras y genio del póquer. Y entre los veinte y los treinta se convirtió en el nuevo heraldo y el arqueti­po perfecto de la gran Barcelona universalista de los años sesenta del siglo pasado, la ciudad des­lumbrante donde vivían muchas de las mayores glorias literarias de la centuria, desde García Márquez a Vargas llosa, y donde la celebridad se asociaba con dosis variables pero necesarias del talento, la gracia, la belleza o la riqueza. Y Ferrer Lerín, que tenía en dosis enormes casi todo eso (era alto, guapo, culto, inteli­gente, divertido y extravagante), alumbró un personaje que cau­tivó a la época y que todavía nos sigue cautivando cuarenta años después, ahora ya trans­formado incluso en leyenda mediática. Hay pues que ir a verlo y a oírlo.

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