Juan Cruz

Fragmento de la portada del libro.

Escrito a borbotones

25/09/2007 | Natalia Guillén Chinea | Gabinete de prensa | Santa Cruz de Tenerife

Reedición de la «Crónica» de Juan Cruz Ruiz

Un texto marcado por la controversia. Aplaudido por un sector, pero cuestionado por otro, Crónica de la nada hecha pedazos, de Juan Cruz Ruiz, se alzó con el Premio Benito Pérez Armas de Narrativa en 1971. Este libro es la historia, la descripción, la memoria de un momento convulso. La experiencia de un joven en el contexto universitario de La Laguna, en Tenerife —cuna del autor—, a través de su mirada adolescente. Crónica de la nada hecha pedazos no sólo es la obra de un joven escritor sino que es, además, la obra de un joven vinculado al movimiento comunista que, por si fuera poco, rompía con las estructuras y con los géneros. Y todo esto alimentó las críticas más despiadadas. Sin embargo, también permitió a Juan Cruz recoger el impulso necesario para seguir escribiendo y consagrarse como escritor. Escrito cada noche después de regresar de la redacción y pasar por el cabaret, el texto es, en buena medida, un libro sobre la libertad surgido a borbotones.

La forja de un escritor

Las páginas de la Crónica de Juan Cruz esconden una experiencia de soledad, una frenética lucha contra su propio yo, una búsqueda compulsiva, casi agonizante, de respuestas. La destrucción del Ser para reconstruirse luego, el recurso al recuerdo para recomenzar una escritura sin reproches, este libro es la micro-biografía de un adolescente que se construyó a sí mismo, postrado en una cama, viendo la vida desde la retaguardia pero con el refugio de las palabras. De la inquietud casi dañina del autor brotó una sensibilidad desmesurada que le abocó a enfrentarse con sus propios demonios.

En Crónica de la nada hecha pedazos, Juan Cruz se encara con la literatura desde sus cimientos. No sólo palpita su ansia por descubrir los libros, uno tras otro, hasta el atragantamiento, entre la enfermedad y la desesperación por detener los minutos; durante el proceso, también el autor encuentra el blanco de los folios, la magia de una máquina y el surrealismo de su propia cabeza, que le permite golpear tecla sobre tecla, escupir la rabia de crear y luchar por el reconocimiento de lo escrito. Expía su alma como si al escribir usara una lavativa que le posibilitara edificar una nueva persona. El tiempo permitió a Juan Cruz fabricar su vida en torno a sus pasiones, aderezadas con su gran virtud: la melancolía.

Escritura de la exasperación para la libertad

Este libro ofrece una lectura vertiginosa, exasperada, y ahí es donde reside la clave de su posterior trayectoria literaria, el abanderamiento de «una memoria excesivamente eficaz». Juan alcanzó en esta destrucción, en esta búsqueda de la esencia, su propio estilo; reconocido años después y descrito por Mario Vargas Llosa para Ojalá Octubre como «texto hermafrodita, a caballo entre la poesía y la prosa, [entre] la autobiografía y la ficción» (El País, 12/8/2007).

Ésta es la crónica de la existencia de un joven revuelto por los acontecimientos, forjado en los silencios del autoritarismo y abofeteado por la frustración de la jerarquía eclesiástica y educativa. Un joven que arrastraba sus pasos por las calles húmedas de La Laguna enfrentándose a su gran enemigo, el asma, que daba tregua pero que también lo doblegaba sin aviso. Unos ojos brillantes que atrapaban las cinturas estrechas y las melenas enredadas de las jóvenes que deambulaban por su mirada. La crónica de un amor que se aleja y que va dejando una estela de palabras que pintan el desasosiego, la coyuntura de la descomposición recalcitrante del alma, la agonía por el beso reprochado, huido. Pero también este libro oculta la crónica de un amor que se acerca vestido de rojo y que aventura que va a permanecer. Así se veía Juan Cruz, así se creó. Unos calcetines grises que gestaron la Crónica pero que, en breve, fueron sustituidos por un traje rojo que aún sigue irrumpiendo en sus sueños y en su vida. Los recuerdos, sí. La infatigable memoria que gesta la esencia de una historia sin relato, sin principio y sin fin. Sólo la historia de un enfrentamiento contra sus propios pensamientos, que poco a poco dan forma a esta novela, autobiografía, biografía, confesión. La Nada se va erigiendo con la dura represión, emulando el propio momento histórico, para que el autor se reproche la insustancialidad de su cometido. Pero la lucha sigue, y siguen las palabras; sólo el que lee puede adentrarse en ese género nuevo, experimental, que está a mitad de camino entre la lírica y la narrativa.

La Crónica de la nada hecha pedazos es un texto combativo que pinta las sensaciones que revela el interior de una época amordazada, pero prometedora. Es la rabia contenida de una mirada añil por la que fluyen las preguntas, rebotando en el aire a golpe de diástole. Preguntas cercenadas antes de pronunciarse. Aquél no era el momento, por eso a Juan Cruz le tocó esperar para irlas formulando luego, precipitadamente pero con rigor. La de este libro es una realidad que nos conviene recordar para que podamos alimentar un abstracto que sólo se hace viable en el pensamiento: la libertad.

Contacto | Distribución

© 2019 Artemisa Ediciones