«Entre escritores es difícil una buena relación porque la tarta a repartir es pequeña»

04/03/2007 | Luisa Pueyo | Diario del Alto Aragón (Dominical) | Huesca

Francisco Ferrer Lerín tiene la doble condición de científico y literato, y si en la primera se muestra especialmente preocupado por el cambio climático y el calentamiento del Planeta, en la segunda está de enhorabuena: en 2005 publicó su primera novela, Níquel; el año pasado vio reeditados en un sólo volumen de más de 300 páginas, Ciudad propia. Poesía autorizada, sus tres libros de poemas, De las condiciones humanas (1964), La hora oval (1971) y Cónsul (1987), junto a algunos versos inéditos; y en abril verá la luz Bestiario, que amplía a todos los animales el trabajo iniciado con su tesis doctoral Los ornitónimos del Diccionario de Autoridades.

Este último libro lo publica Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores. «Es la primera vez que trabajo con una gran editorial y que me van a pagar de verdad. Cuando me dijeron que me iban a dar un adelanto, casi les digo que no, porque no estoy acostumbrado. Bromas aparte, es un libro que está muy bien, de recuperación de todas las entradas de carácter zoológico mágico de viejos diccionarios, manuales apócrifos y algunas mentiras que se han colado». También es un proyecto «que vengo arrastrando desde que estuve en la Universidad de Granada como profesor de Lingüística Catalana. Aproveché para hacer mi tesis doctoral, pero no pudo ser porque asesinaron al único profesor que podía llevarla».

Licenciado en Filosofía Hispánica, este poeta barcelonés de 65 años, padre de la «Generación Novísima», lleva la mitad de su vida afincado en Jaca, ciudad a la que llegó para trabajar en el Centro Pirenaico de Investigaciones como ornitólogo becario dedicado a la protección de las aves por las que siente especial pasión, las grandes rapaces, sobre todo las necrófagas.

Ferrer Lerín, que combina sesudas argumentaciones con la ironía y el humor, explica que con la reedición de su poesía ocurrió «eso con lo que todo escritor sueña: que llama a tu puerta un editor diciendo que quiere publicar tu libro. Para mí no es difícil escribir, sino publicar en condiciones. La propuesta me llegó hace un año y en cuestión de dos meses, el libro estaba en la calle. El mérito es de los canarios Artemisa Ediciones, gente muy joven y entusiasta, a la que la vida les va a tratar duro porque vender libros de poesía es muy difícil, aunque hay que decir que la primera edición de Ciudad propia ya está agotada».

La obra ha recogido críticas entusiastas de quienes ven en Ferrer Lerín un poeta singular e irrepetible, como le han calificado los intelectuales que acudieron en febrero a la presentación de la obra en Barcelona, con Félix de Azúa, su gran amigo, como maestro de ceremonias. Sus primeros amigos poetas «van quedando reducidos prácticamente a la nada, unos porque mueren, otros porque enloquecen, pero he recuperado a Félix de Azúa, mi amigo del alma. Los que me acompañaron en la presentación pertenecen a generaciones posteriores, y con ellos me llevo realmente bien».

«Todo escritor tiene en otro escritor un competidor, y esto lo expresaba muy bien Cabrera Infante, al decir que cuando le presentaban a un escritor, aunque tuviera 15 años, veía en él un enemigo; pues mucho más si era de su propia generación”, y esto se debe a que en el mundo literario “es mucho más difícil mantenerse en buena relación con los compañeros porque como los beneficios económicos son siempre exiguos, la tarta a repartir se queda pequeña».

Mientras como escritor se plantea las cosas de forma relajada, como científico está «muy preocupado por el cambio climático, concretamente por el calentamiento global. Mucha gente se lo toma a broma y frivoliza al decir que es cosa de los ecologistas, pero desgraciadamente los ecologistas casi siempre tienen la razón. El aumento de temperaturas es alarmante, e incluso gobiernos de ideologías reaccionarias comprenden que hay que cambiar las cosas». Prueba de lo que sucede es «un caso curioso, yo diría que dramático, aunque pueda parecer pintoresco, que se da en la Jacetania: la colonización por aves como la abubilla o el abejaruco, característicos de lugares con temperaturas muy altas. Más llamativo aún es que desde hace 4 años se ha instalado una pequeña colonia de currucas cabecinegras, un pajarito muy pequeño propio de zonas de costa como las que en Cataluña se llaman garrigas. Esto era impensable cuando yo llegué aquí, hace casi 40 años». Por eso entiende que, en lo que se refiere a la nieve, «hay que ir pensando en lo que se nos avecina y saber qué hacemos con las estaciones de esquí, y más con las que todavía hablan de aumentar la superficie esquiable».

«En cuanto a ecologismo y a fuentes de energía –precisa–, se está produciendo una revisión profunda porque las energías alternativas no son en absoluto recomendables. Por ejemplo, está el impacto visual de los aerogeneradores o la espectacular mortandad que están causando en la fauna. En resumen, hay que reconsiderar la energía nuclear, algo a lo que quienes militábamos en movimientos hace 40 años nos oponíamos frontalmente». «Con la energía nuclear no se puede jugar», pero el avance de la tecnología y el que «prácticamente no cause calentamiento global» son argumentos a su favor. Un accidente como el de Chernobyl tiene más que ver con «a situación de la ex Unión Soviética, donde coger un avión o un tren entraña un riesgo gravísimo. En Francia, donde el 80 por ciento de la energía viene de las nucleares, es impensable».

Por otro lado, no hay que olvidar la repercusión directa en el ser humano de las guerras, «que no son como en la Edad Media, cuando, por decirlo de forma que resulta incorrecta, aligeraban la población en el Planeta, mientras que hoy día la madre de todos los problemas es la explosión demográfica».

¿Hacia dónde vamos?, según Ferrer Lerín, «hacia la inteligencia». «En 1997 hubo una reunión en París en la que las cabezas supuestamente mejor amuebladas del mundo vaticinaron un siglo XXI laico, en el que la mujer sería determinante y, como consecuencia de esto, la población podría controlarse. Nada de esto se está cumpliendo. El problema de África, por ejemplo, en cuanto a explosión demográfica, es tremebundo. Es ahí donde está el germen de buena parte del dolor de la humanidad, el de esos niños moribundos y esas madres que están pariendo sin cesar. Esto sucede porque la mujer no tiene ningún poder decisorio y vive en sociedades absolutamente machistas. Además, está por medio la religión -la losa mayor que tiene la humanidad, la que ha tenido siempre-, contraria al uso del condón, que sería decisivo para frenar más que el sida, tanta mortandad».

El laicismo «no sólo no se ha conseguido, sino que hay un rebote. A todos estos desgraciados que no tienen más remedio que dejar sus países y ven ir a Europa, aquí se les ataca y se les imputa, por el Islam», pero con el catolicismo «yo recuerdo que de niño me recriminaron por ir a misa de 12 con pantalón corto. Mientras no se resuelvan estos problemas, que están absolutamente ligados, no tenemos nada que hacer», concluye.

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