En busca del lector diferente

19/03/2008 | Martín Gómez | La Vanguardia (Culturas) | Barcelona

A los 17 años me inicié como lector con algunas de las grandes obras del boom latinoamericano y desde entonces Barcelona ha sido para mí una ciudad emblemática del ámbito literario en castellano. Como entonces quería saberlo todo sobre los autores que leía, husmeando en sus biografías descubrí que la capital catalana había sido clave en la trayectoria literaria y vital de algunos de ellos. Como París o Ciudad de México, la Barcelona de finales del franquismo acogió a numerosos escritores hispanoamericanos que habían optado por el exilio, algunos por razones culturales y otros huyendo de las dictaduras. En Barcelona se publicaron las obras de Carpentier, García Márquez, Cabrera Infante, Donoso, Cortázar, Puig o Vargas Llosa: la ciudad fue un importante foco de desarrollo de la literatura latinoamericana por la acción de personajes que intuyeron su gran potencial, como Carlos Barral y Carmen Balcells, y porque varias editoriales de la ciudad publicaron algunas obras que los escritores que estaban exiliados no podían publicar en sus países de origen.

Luego Barcelona se convirtió en mi principal referente de la literatura contemporánea porque mediante Anagrama, Tusquets, Seix Barral, Bruguera, Lumen y Acantilado conocí a algunos clásicos del siglo XX como James Joyce, Virginia Woolf, Stefan Zweig, Fernando Pessoa, John Cheever, Imre Kertész, Truman Capote, Ryszard Kapuscinski, Sergio Pitol, Umberto Eco, Raymond Carver, Julian Barnes, Enrique Vila-Matas, Martin Amis o Roberto Bolaño.

Atraído por su intensa actividad en el campo de la edición, llegué a Barcelona en el 2005 y hace un año monté el blog [el ojo fisgón] para llevar un registro sistemático de las observaciones sobre las tendencias del mercado editorial que venía haciendo desde hacía un tiempo. Gracias al blog he entrado en contacto con editores independientes de distintos lugares de España y he conocido personalmente a varios de los que están en Barcelona.

El estado actual de la edición independiente es uno de los aspectos del mercado editorial español que más me ha interesado. Es llamativo que sigan apareciendo pequeñas editoriales pese a la creciente concentración de la propiedad en la industria editorial, a la sobreproducción de títulos y a la supuesta saturación del mercado. La estrategia de algunas de estas editoriales para abrirse un lugar en un mercado que tiende a la homogeneización consiste en diferenciarse construyendo un catálogo con un registro propio que busca sintonizar con las necesidades de pequeños nichos de lectores con intereses específicos.

Durante los últimos años han aparecido en Barcelona varias editoriales que al darles matices tan diferentes a sus catálogos han contribuido a la diversificación de la oferta a la que puede acceder el lector. Entre ellas se destacan Minúscula, que aborda la literatura de Europa Central y del Este; Global Rhythm Press, que se ocupa del mundo de la música popular contemporánea, de la narrativa escrita por mujeres y del ensayo sobre temas diversos; Melusina, dedicada a un ensayo de corte anglosajón con un horizonte más amplio que el del público especializado; Libros del Asteroide, que se centra en clásicos contemporáneos que no se habían traducido antes al castellano; Cabaret Voltaire, consagrada a las vanguardias francesas y a la literatura del exilio; y Marbot, que publica ensayo de ciencias humanas, narrativa experimental y clásicos. Además de las veteranas Quaderns Crema y Bromera, en el ámbito de la edición independiente en catalán me han llamado la atención Edicions de 1984, Angle, Edicions la Guineu y Salobre.

En un mercado cada vez más segmentado en el que se configuran nuevos circuitos a los que los grandes grupos no llegan, la experiencia de estas y otras editoriales independientes de diferentes ciudades –como Periférica, Artemisa, Gadir, Del Viento, Impedimenta o Veintisieteletras– sugiere que los nichos son el lugar propicio para ofrecer un producto cuidadosamente elaborado y hacer apuestas que sean innovadoras y que permitan crear una identidad que actúe como rasgo distintivo.

En un momento de grandes cambios, es probable que estemos frente al inicio de un relevo generacional y que en un futuro algunas de estas editoriales representen lo que hoy en día encarnan Anagrama, Tusquets, Siruela o Acantilado. Me gusta este aspecto del mercado editorial español, observar su evolución y, ante todo, vivir en una ciudad donde quienes queremos dedicarnos a los oficios de la edición podemos vivir de los libros.

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