El puño de Güiraldes

26/01/2007 | José Luis de Juan | Diario de Mallorca (Bellver) | Palma de Mallorca

José Luis de Juan

Diario de Mallorca (Bellver)

Palma de Mallorca

No es Rulfo ni Borges, aunque sin duda Ricardo Güiraldes influyó en algunos narradores hispanoamericanos de la segunda mitad del siglo XX, como Cortázar y García Márquez. Tardomodernista de Buenos Aires, fundador con Borges de la revista Proa y como él también cosmopolita y europeísta, Güiraldes sin embargo se mantuvo fiel a una tradición oral y a un folclorismo que tanto el porteño ciego como el tímido y cazurro mexicano supieron tamizar adecuadamente para oídos universales. Por eso ha envejecido peor y a veces su “poesía en prosa” resulta demasiado rebuscada, aunque tenga fogonazos que valen la pena y describa un estado de espíritu que nos acerca a una época y un lenguaje salpicados de literatura.

Ricardo Güiraldes escribió acerca de estos Cuentos de muerte y de sangre: “Quisiera que mis cuentos fueran extractados, breves, concisos. Lo que más me gusta de mi mano es el puño”. Breves sí son estos cuentos y precursores de microrrelatos como los de Augusto Monterroso, maestro de la ironía y de la palabra llana. Eso del puño es todo un manifiesto y denota la tensión que recorre este interesante libro: la pugna entre una poesía desgarrada y un oído cruel. Pues cruel es el tono, o al menos descarnado, crudo. Los personajes se definen a brochazos y se presentan de inmediato, sin necesidad de mucha descripción, como en el caso de “Facundo”: “Era un inconsciente de veinte años, proyecto tal vez de caudillo; impetuoso, sin temores e insolente ante toda autoridad”. Güiraldes sabe que es mucho mejor sugerir y dejar que el lector complete la escena que mostrarla minuciosamente. La imaginación es siempre más truculenta que la palabra.

Además de los cuentos propiamente trágicos, en los que la violencia es explícita o se adivina de una manera menos brutal, como en el “El pozo”, prodigio de economía narrativa y de sugerencia, quizá el cuento mejor de los que escribió Güiraldes, este volumen presenta también otras narraciones breves bajo el subtítulo de “Antítesis”, “Aventuras grotescas” y “Trilogía cristiana”. En ellos el autor despliega temas fantásticos, costumbristas y de carácter religioso. En todos palpita una prosa original y criolla, cincelada a hachazos, brusca y expeditiva. A veces aparecen personajes que luego formarían el entramado humano de su obra más conocida, la novela Don Segundo Sombra, obra dedicada a la formación del gaucho y a su disolución en el mundo moderno.Y sobre todo se desliza la Pampa y se mueven los gauchos de un modo sin parangón en otros autores argentinos, y con pocas palabras y un lirismo seco, sin nostalgia. Por ejemplo en este pasaje: 

“La Pampa era entonces un vivo alarido de pelea. Caciques brutos, sedientos de mal, quebraban las variadas fronteras. Tribus, razas y agrupaciones rayaban el desierto en vagabundas peregrinaciones pro botín”.

Y esta descripción del paisaje después de la tormenta, que encontramos en el cuento “La estancia vieja”, incluido en “Antítesis”: “Las zanjas plagiaban ríos; los charcos, lagunas. Los pájaros, pelotones de pluma, se inmovilizaban, los párpados a medio cerrar. Un ritmo lento, lleno de goce, silenciosamente intenso, moderaba los gestos hasta de la gente, que se acariciaba el cutis contra el aire fresco. Un ritmo lento, una quietud contemplativa abrazaba la pampa”. Como vemos, a veces el puño de Ricardo Güiraldes se aflojaba, la palma se abría y mostraba algo muy pequeño pero necesario, que Horacio Quiroga exigía a la estética del cuento: la exactitud.

Contacto | Distribución

© 2019 Artemisa Ediciones