El miedo

26/03/2008 | Laura Castro | solodelibros.es | Oviedo
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El miedo recoge cinco relatos de Guy de Maupassant que, sin ser sobrecogedores, recogen algunos de esos miedos idiotas que todos albergamos o esos otros que en momentos puntuales han logrado erizarnos el cabello.

La fluidez de la prosa de Maupassant nos lleva a identificarnos con lo cotidiano que hay en estos relatos, con las vidas que transcurren por los cauces habituales hasta que lo insólito, ya sea algo inexplicable, ya sólo una alucinación, irrumpe con fuerza, trastocándolo todo. Y es en lo extraordinario donde el refinamiento propio de Maupassant hace su entrada para narrarnos la tortura de los sentidos alucinados, de la mente golpeada por lo fantástico.

Porque estos cinco relatos nos hablan precisamente de ese miedo provocado por lo que juzgamos sobrenatural, aunque a veces simplemente sea un error de nuestros sentidos: no el miedo que sentimos cuando nos sabemos en peligro, el miedo al dolor, a la muerte o a la enfermedad, sino ese miedo irracional que enraíza en la superstición y del que no podemos librarnos.

Así se explica precisamente en «El miedo», el relato que da nombre a esta pequeña antología, en el que un viajero narra a sus compañeros dos experiencias escalofriantes en las que sintió «el auténtico miedo», el que nos embarga en situaciones en las que resulta difícil mantener el control y una fuerza poderosa nos paraliza y nos hace perder la cabeza, a veces a plena luz del día o bien porque de alguna manera somos contagiados por el terror general, como si de una psicosis colectiva se tratara.

El miedo y el humor se mezclan en «Junto a un cadáver» en un relato macabro pero delicioso. En él, la vigilia de dos discípulos junto al cuerpo de Schopenhauer se convierte en una experiencia que, si bien vista desde fuera resulta jocosa, al narrador le resulta aterradora. Aun cuando la explicación racional al momento estremecedor que ha vivido cierre la historia, logrando arrancar una carcajada al lector.

Las malas pasadas que puede jugarnos nuestra mente también tienen su lugar en esta breve colección de relatos. Así en «Él» una impresión errónea, una simple sombra, se convierte en una presencia perversa que enturbia la paz de un hombre que, aunque consciente de que todo es producto de su imaginación que vio lo que no existía, no logra encontrar de nuevo el sosiego y necesita para siempre estar perpetuamente acompañado.

«¡Quién sabe!» es tal vez el más elaborado de estos relatos. Su tema es sorprendente: en él no hay cadáveres, no hay sombras, no hay fantasmas que regresan de la tumba y sin embargo su protagonista vive una historia sobrenatural que altera su vida y que además tiene un extraño desenlace que acabará por conducirle a una casa de reposo donde le atormentará la duda de si aquello que vivió fue real. Y esa duda se traspasa al lector, quien no sabe entonces si lo narrado es un delirio o un acontecimiento verídico, pues la coherencia y la claridad mental del narrador nos invitan a creer en su lucidez, pero lo inverosímil de su historia nos lleva a pensar lo contrario.

Maupassant toca en estos relatos el horror sin caer en temas manidos, jugando con la idea de que ese miedo irracional que a veces nos embarga entronca directamente con aquellas partes desconocidas de nuestra mente o nuestra alma que permanecen en a oscuras y de cuyas tinieblas puede surgir el espanto.

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