El dialecto de la vida

17/02/2007 | Juan Malpartida | ABCD las artes y las letras | Madrid

Juan Malpartida

ABCD las artes y las letras

Madrid

En El arte de escribir se recogen ensayos y artículos escritos por Stevenson entre 1881 y 1894. Este volumen se suma a otro libro suyo de crítica, publicado en España en 1943 en traducción de Eulalia Galvarriato, Virginibus puerisque y otros ensayos, donde agrupó trabajos de 1876 a 1879. El lector que quiera tener una idea más completa de las ideas de Stevenson sobre los libros y su oficio puede completar su lectura con la correspondencia mantenida con Henry James desde 1884 hasta un mes antes de su muerte. Stevenson trató de ganarse la vida con la crítica literaria (¡ay!) hasta que su primera novela, La isla del tesoro (1881) -junto con El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr Hyde– comenzó a darle fama y algo de dinero. No por ello dejó de reflexionar sobre el arte de escribir. Creo que a Stevenson le hubiera gustado oír que su primera novela era, como confesó hace años Savater, la “narración más hermosa que nunca me han contado”. Y aunque hay consideraciones inteligentes y bien humoradas en estos ensayos, con relación a la obra maestra -como algunas de las que él mismo escribió: novelas y cuentos- es casi imposible desentrañar los mecanismos que la hacen posible. “Nunca -afirma Stevenson- descubriremos las afinidades de la belleza”, y por lo tanto su misterio, inseparable de la gran obra, siempre será una experiencia pero no un concepto que podamos desmenuzar y aislar.

No obstante, Stevenson proclamó varias cosas que le importaban en lo que escribía y leía: que la literatura trabaja con el dialecto de la vida; que no es posible rellenar sino procurar alcanzar elegancia y elocuencia, a ser posible discretamente; no ser parcial moralmente y alejarse del dogma o los significados explícitos. Probablemente la tradición empirista inglesa le enseñó a este amante de los Ensayos de Montaigne, que “hay que ceñirse a la verdad de los hechos”. A su vez, hay cierto amor neoclásico al defender que esos hechos debían ser reflejados de manera decorosa. Las obras de imaginación -dice en un revelador artículo de 1887 sobre los libros que más le han influido- son los de ficción, porque su lección es inextricable del arte mismo que la hace posible, a diferencia de los libros de filosofía o moral. Y en cuanto al taller, este bello consejo: “No hay que hacer deprisa nada que se pueda hacer despacio”. Entre estos textos, el dedicado a cómo escribió La isla del tesoro es un pequeño tesoro en sí mismo.

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