Cumbres Borrascosas, Emily Brontë

15/02/2008 | Carmen Fernández Etreros | La tormenta en un vaso | Madrid
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Cada vez que leo Cumbres borrascosas siento esa llamada profunda y vital de la naturaleza que trasmite esta emblemática obra romántica del XIX. La novela relata el profundo y trágico amor imposible de dos jóvenes, Catherine y Heathcliff. Una pasión que supo transmitir con una fuerza irrepetible Emily Brontë.

Tengo que reconocer que todavía me conmueven las famosas palabras de Catherine Earnshaw, «Nelly, Heathcliff soy yo». Un amor que traspasa la vida, que llega más allá de la muerte gracias a las apariciones del fantasma de la protagonista. «Mi amor por Heathcliff se asemeja a las rocas eternas que sobresalen profundamente enterradas en la tierra: son motivo de escaso goce para quien las contempla pero al mismo tiempo son necesarias» (p. 142). Lo oculto de la naturaleza salvaje y de las pasiones humanas se funden en un relato que ha seducido a los lectores desde 1847.

Esta vez llega a mis manos esta nueva edición de Cumbres borrascosas editada con primor y cuidado por la editorial Artemisa. Esta misma editorial canaria, que ya está instalada en Madrid, publicó hace unos meses el original libro Mitsou. Historias de un gato. Después del éxito la innovadora editorial ha sorprendido, entre sus nuevas publicaciones, con una versión diferente de Cumbres borrascosas, traducida de manera original por Roberto Bartual e ilustrada por Baltasar Klossowski, Balthus.

Entre los aciertos de esta edición está la serie de quince dibujos, más once estudios preparatorios, con la que el pintor Balthus rindió su particular homenaje a esta obra en 1933. Al principio me sorprendió que se incluyeran al final del volumen y no se fundieran en el conjunto del texto, pero al no estar reflejados todos los capítulos de la obra sino solamente quince, también me parece lo más adecuado agruparlos al final del texto. El pintor capta en estos dibujos a plumilla esa relación tormentosa entre los dos protagonistas y el universo frío y cruel de la novela y de sus tristes personajes. Lo que me ha desconcertado un poco es la traducción del habla del criado Joseph, y en ocasiones también de Hareton, al lenguaje rural de la época por el traductor. Personalmente este recurso choca con mis recuerdos de las palabras repetitivas de este plomizo personaje de Wuthering heights.

Cumbres borrascosas, publicada por primera vez en 1847, fue la única novela de Emily Brontë, que murió prematuramente a los treinta años, y ha sido considerada un clásico de la literatura inglesa, a pesar de que inicialmente, debido a su innovadora estructura, desconcertó a los críticos. Sin embargo es ahora esa estructura la que maravilla a cualquier lector. Un primer narrador desconcertado, Mr. Lockwood, alquila la apacible Granja del tordo y anima a la señora Dean, la segunda narradora y gran conocedora de la historia de la familia desde su infancia, a que le cuente los secretos que guardan los extraños habitantes de la casa de los páramos, Cumbres Borrascosas. Una técnica de la indeterminación desconcierta al lector y despierta su impaciencia. Con maestría la escritora dosifica las pistas y los secretos familiares hasta el final del relato logrando mantener al lector inquieto hasta sus últimas páginas.

En suma: una cuidada edición, una novela inolvidable y el lujo de contemplar los dibujos de Balthus. Todo un placer.

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