«Cuentos de muerte y de sangre»: libro recomendado por Hotel Kafka

26/04/2007 | Gabinete de prensa | hotelkafka.com | Madrid
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Ricardo Güiraldes cerró con llave de oro la literatura gauchesca. Don Segundo Sombra (1926) fue la novela que le dio la fama universal un año antes de morir en París a causa de un cáncer linfático. El pasado 2006, Artemisa Ediciones, publicó Cuentos de muerte y de sangre, la primeriza obra narrativa de Güiraldes en 1915. Curiosa es la historia de un libro que, publicado a la par que el libro ultraísta El cencerro de cristal, vendió solamente siete ejemplares, como señala Mateo de Paz en el prólogo titulado «El hombre sin generación». La razón del estrepitoso fracaso reside en que la crítica se rió del Cencerro y la mala fama de este libro de poemas arrastró a unos cuentos que incidían en el ser argentino gauchesco. El resto de la tirada fue arrojado al pozo de La Porteña, la conocida estancia que los Güiraldes tenían en San Antonio de Areco, un total de 2.500 libros, de los que Adelina del Carril, su mujer, logró salvar unos pocos que hoy se han convertido en material de coleccionista. El lenguaje de estas narraciones es duro, plagado de regionalismos y expresiones pamperas, pero en la obra se intuye, sin embargo, ese arte de narrar que tan sólo dos años después Horacio Quiroga ascendería a maestría de genio con Cuentos de amor de locura y de muerte (1917). Muchos de los cuentos, fundamentalmente los primeros, dejan la puerta abierta a la imaginación del lector. En su abertura se presiente ya la parquedad de los cuentos hispanoamericanos posteriores: el citado Quiroga, Rulfo, Di Benedetto y Borges, entre otros. Sus apasionantes historias, por lo tanto, merecen la pena ser leídas porque en ellas se aprecia el origen del cuento hispanoamericano que luego nos llegó con el «boom». Cuentos de muerte y de sangre no es sólo para expertos en la literatura gauchesca o admiradores del afrancesado Güiraldes, sino un libro recomendable por su calidad, su buen hacer y el interés de la primera obra de un autor universal.

Fragmento de «El pozo»:

Sobre el brocal desdentado del viejo pozo, una cruz de palo roída por la carcoma miraba en el fondo su imagen simple.

Toda una historia trágica.

Hacía mucho tiempo, cuando fue recién herida la tierra y pura el agua como sangre cristalina, un caminante sudoroso se sentó en el borde de piedra para descansar su cuerpo y refrescar la frente con el aliento que subía del tranquilo redondel.

Allí le sorprendieron el cansancio, la noche y el sueño; su espalda resbaló al apoyo y el hombre se hundió, golpeando blandamente en las paredes hasta romper la quietud del disco puro.
Ni tiempo para dar un grito o retenerse en las salientes, que le rechazaban brutalmente después del choque. Había rodado llevando consigo algunos pelmazos de tierra pegajosa.

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