Viaje al ojo de un caballo. Veinte días en Mongolia

Un fascinante viaje a la Mongolia de los últimos caballos salvajes del planeta.

Sinopsis

Mongolia. Verdes colinas en el horizonte. Y allí, pastando en libertad, los últimos caballos salvajes del planeta. El protagonista de esta narración elige, sin saber muy bien por qué, celebrar su cuarenta cumpleaños en un entorno como éste. Averiguarlo será el hilo conductor del viaje. Y las horas de observación en la estepa, entre las manadas de takhi, el espíritu austero y colorista de los mongoles, sus costumbres, se sumarán al espectáculo impagable que ante él despliega la naturaleza.

«Eché un cuaderno sin estrenar en la mochila como el que echa una caja de tiritas, por si acaso. No había escrito nunca un diario, me preguntaba cómo me sentiría en ese tipo de escritura, si podía hacer que mi periplo por una tierra que se me antojaba especial tuviera algo relevante, no sé, narrable, comunicable. No pensaba estrenar el cuaderno hasta estar en la estepa, con los caballos. Empezar con algo así como, “El macho otea el horizonte mientras las hembras pastan a su alrededor”. No sé, algo parecido. El caso es que nada más sentarme en el avión, cuando vi a aquel ruso leyendo la novela Aeropuerto, me dije: esto es lo narrable, un pasajero que lee un libro sobre un accidente aéreo en el avión, esto hay que contarlo. Y seguí por ahí. Con el paso de los días, hubo más cosas dignas de contar, no siempre tan divertidas, más cosas, personas, animales, y esa cosa enorme que es la naturaleza. Y con el paso de más días, la misma escritura se fue haciendo rutina, una forma de relación con Mongolia.»

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Carlos Jiménez Arribas

Fragmento
«Yo estoy aquí como el primer hombre: para nombrar y conocer, en modo alguno para sumergirme y no volver a la superficie.»
«Uno de los peligros de instalarse en la nada como retórica es que la nada acabe instalándose en nosotros como ideario y fe de vida. Nombrar la realidad no es una forma de sojuzgarla, de someterla a freno y fusta. Así se explica todo escepticismo, se cuestiona que la naturaleza pueda tomarse todavía como modelo, se le niega su vigencia. Porque no es cierto que haya perdido el mundo natural su densidad y su esplendor. Y no hace falta venirse a Mongolia para verlo, para saber que está con todo su poder ahí, para sentir la presencia de la naturaleza.»
«Busco insistentemente que la mía sea prismática, volumétrica; una visión táctil del mundo en el ojo de un caballo. Ajusto el objetivo y ya estoy dentro de ese ámbar más oscuro y más espeso que el pelaje de su cuerpo. Le veo. Me ve. Me veo. Veo la vena que le rige y la caverna de su costillar, la república caliente de sus vísceras, veo la luz afuera que ese ojo no logra filtrar, veo el pájaro que canta, el óxido solar de los insectos, veo el prado en extensión, el punto más alzado de estos montes, allí donde sólo pueden subir los hombres, veo el lobo que no vi y nunca veré, el río al sur y el Gobi tras la cresta de montañas, veo el campamento, todos los campamentos, desde los del hombre primitivo, en los que se han hallado tantos huesos de takhi, hasta los del gran Khan, tirados por mil bueyes, veo una casa redonda como el ojo en que la veo, veo caballos sin montura, sin memoria y sin temor, sin nombre ni atributos, veo bosques de abedules, veo cernícalos, milanos, buitres, águilas, veo el ojo que me ve y yo veo, veo marmotas, niños, hombres, veo gacelas, ciervos, veo la estepa en el ojo del caballo, el caballo en el ojo de la estepa, y el mundo como era cuando nadie lo veía: me veo en el vientre de mi madre viéndome en el ojo de un caballo.»

Ficha técnica

Título: Viaje al ojo de un caballo. Veinte días en Mongolia
Colección: Colección Letras del vórtice, 5
Género: Novela
Formato: 14 x 20,5 cm
Encuadernación: Rústica
Edición: Primera edición
Año: 2007
ISBN: 978-84-96374-75-1
Páginas: 208
Precio: 16.95 €

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